Cuando Viña y Sanremo se dieron la mano: la alianza que llevó a sus ganadores de un festival al otro
Reportajes

Cuando Viña y Sanremo se dieron la mano: la alianza que llevó a sus ganadores de un festival al otro

A fines de los años 90, el Festival de Viña del Mar y el Festival de Sanremo protagonizaron uno de los intercambios musicales más curiosos de su historia. La televisión, las canciones y sus ganadores cruzaron el Atlántico en una época en que ambos certámenes buscaban ampliar su influencia internacional.

Nicolás Lopez

15 de agosto de 2026

Dos festivales separados por miles de kilómetros, unidos por la música

Hoy puede parecer natural encontrar artistas italianos en la Quinta Vergara o cantantes latinoamericanos sobre el escenario del Teatro Ariston. Pero a mediados de los años 90 esa conexión comenzó a adquirir una dimensión mucho más concreta.

El punto de encuentro se produjo en 1997, cuando Sanremo y Viña del Mar comenzaron a ser vinculados a través de un intercambio artístico y televisivo. Ese año se realizó en Sanremo el especial Sanremo-Viña del Mar, Ballando, bailando, producido para Rai 1 y posteriormente emitido en Chile. La transmisión fue presentada como el primer gran encuentro entre las dos ciudades musicales y reunió a figuras italianas y latinoamericanas como Lucio Dalla, Chico Buarque, Biagio Antonacci, Nicola Di Bari, Los Jaivas y Ricky Martin.

Image

La relación también tuvo una dimensión mediática muy importante en Chile. Megavisión, canal que transmitía el Festival de Viña en aquellos años, participó activamente en este puente con Italia. De hecho, los registros televisivos de 1997 incluyen un programa denominado Festival Internacional Viña-Sanremo, mientras que Rai emitió el especial Sanremo Vina del Mar, ballando bailando.

No se trataba simplemente de juntar a dos festivales en un programa de televisión. La idea tenía un atractivo evidente: Sanremo era una de las grandes vitrinas de la canción europea, mientras Viña del Mar funcionaba como una de las principales puertas de entrada al mercado latinoamericano. El intercambio permitía que un artista italiano pudiera mostrarse ante el público sudamericano y, al mismo tiempo, que una canción nacida en Latinoamérica llegara a una audiencia italiana.

Los ganadores comenzaron a cruzar el Atlántico

La expresión más interesante de aquella relación apareció precisamente con los ganadores de las competencias.

En 1997, el Festival de Sanremo coronó a los Jalisse con Fiumi di parole. El dúo formado por Alessandra Drusian y Fabio Ricci consiguió además el cuarto lugar para Italia en Eurovisión y, al año siguiente, viajó a Chile para presentarse en el Festival de Viña del Mar. La propia historia del dúo registra su participación en la Quinta Vergara, mientras que la prensa italiana de la época confirmó que los ganadores de Sanremo habían sido invitados al festival chileno.

El movimiento inverso fue todavía más llamativo.

En febrero de 1998, Álvaro Scaramelli ganó la competencia internacional del Festival de Viña del Mar con Soy tal cual soy. El triunfo le permitió obtener la Gaviota de Plata y convertirse en uno de los nombres más destacados de aquella edición.

Poco después, Scaramelli viajó a Italia para interpretar la canción en el Festival de Sanremo. La prensa italiana de aquellos días lo presentó explícitamente como el ganador de Viña del Mar que llegaba a la Riviera italiana, señalando además que ambos festivales estaban “gemellati”, es decir, hermanados.

La participación de Scaramelli quedó registrada en la edición 1998 de Sanremo: Soy tal cual soy formó parte de los números internacionales del festival junto a artistas como Celine Dion, Ricky Martin, Bryan Adams, Aqua, Backstreet Boys y José Feliciano.

El propio Scaramelli ha recordado que aquel viaje fue posible gracias a un convenio especial establecido en 1998 por Megavisión, que permitió que el ganador chileno de Viña mostrara su canción en Sanremo.

“Soy tal cual soy” no solo ganó Viña del Mar: cruzó el Atlántico y llegó al escenario del Teatro Ariston como representante del festival chileno.

1998: un intercambio que parecía funcionar en ambas direcciones

La historia adquirió todavía más fuerza con Annalisa Minetti.

En 1998, la cantante italiana ganó el Festival de Sanremo con Senza te o con te. Lo hizo de una manera particularmente excepcional: aquel año consiguió imponerse tanto en la categoría de Nuevas Propuestas como en la clasificación general.

Después de su triunfo, Minetti inició una etapa de promoción internacional que la llevó a América Latina. En Chile participó posteriormente en el Festival de Viña del Mar donde tambien participó como jurado de la Competencia Internacional. Las fuentes biográficas sitúan su presencia en Viña en 1999.

Así se produjo una especie de circuito:

Sanremo 1997 → Jalisse → Viña del Mar 1998

Viña del Mar 1998 → Álvaro Scaramelli → Sanremo 1998

Sanremo 1998 → Annalisa Minetti → Viña del Mar 1999

No era una competencia conjunta ni significaba que los artistas cambiaran de festival para volver a competir. Era, sobre todo, una fórmula de intercambio promocional: los ganadores recibían la oportunidad de mostrar su música ante el público del otro certamen.

Una ventana hacia Europa para Viña y hacia Latinoamérica para Sanremo

La importancia de este episodio va más allá de los nombres que pasaron por ambos escenarios.

Para Viña del Mar, la relación significaba reforzar su posición como festival internacional y acercarse a una de las instituciones más reconocidas de la música italiana. Para Sanremo, Chile representaba una puerta estratégica hacia América Latina, un mercado especialmente atractivo para la música italiana.

Y no era una relación completamente nueva. Artistas italianos ya habían descubierto el potencial de Viña antes de este intercambio. Paolo Meneguzzi, por ejemplo, ganó la competencia internacional de Viña en 1996 con Aria, Ariò y posteriormente desarrolló una carrera que lo llevaría varias veces a Sanremo.

El caso de Meneguzzi es especialmente interesante porque demuestra que Viña podía convertirse en un trampolín internacional para artistas italianos. El propio cantante recordó años después que aquella victoria fue su primer gran escenario y una oportunidad para comenzar a ser conocido en Sudamérica antes de consolidarse en Europa.

El final de una conexión que quedó en la memoria

La alianza no terminó transformándose en una tradición permanente con el mismo formato. Con el cambio de siglo, ambos festivales siguieron caminos propios y las invitaciones cruzadas dejaron de tener aquella estructura tan visible.

Pero durante unos pocos años ocurrió algo extraordinario: dos de los festivales de canciones más importantes de sus respectivas regiones decidieron mirarse mutuamente.

Sanremo puso sus ojos en Viña del Mar como una puerta hacia América Latina. Viña encontró en Sanremo una conexión directa con la tradición musical italiana y con Europa. Y los ganadores se transformaron en embajadores involuntarios de esa relación.

A fines de los 90, antes de que las redes sociales y las plataformas digitales hicieran que la música pudiera viajar en segundos, un triunfo en Sanremo podía llevarte a la Quinta Vergara y una victoria en Viña podía abrirte las puertas del Teatro Ariston.

Fue un breve puente musical entre Italia y Chile. Un puente que quizás no duró demasiado, pero que dejó una historia que hoy, mirando hacia atrás, resulta especialmente fascinante.